
Se llama Marcos y va a pasar la navidad entre cuatro paredes nosocomiales, y para visitarle habrá que ponerse una mascarilla. Cosas de la leucemia mieloide aguda.
Es guapo como el solo, el muy bandido, con dos ojazos negros como el carbón desbordados de una alegría que transmite, además, con su espléndida sonrisa. Por eso, y por su 25 años, duele tanto, tantísimo, verlo tumbado horas y horas en una cama cautiva de un tetraedro de hormigón con vistas a la calle.
Cuando contaba con solo 17 años venció a la terrible enfermedad y ahora, cuando ya la tenía olvidada, regresa por Navidad no se sabe con qué malignas intenciones. Pero él le planta batalla, con dos cojones, con dos ojazos negros y una sonrisa que rompe el corazón cada vez que se entra en la habitación con la cara tapada con una mascarilla.
Escribo esto con lágrimas en los ojos, y recuerdo a Sergio, a Pilar, a Ismael, a Antonio, a Teresa, a Bartolomé, a Bernard,...en fin , a tantos que no verán más navidades. Cosas de la leucemia mieloide aguda.
Pero también recuerdo a Iván, a Juan, a Elisabet, y a muchos que olvido porque se curaron y no han vuelto a pisar el nosocomio. Si no fuera por ellos quién podría ser enfermero.
PD. Dedicado a todos mis pacientes, que me aguantan estoicamente cada día.