Se llama Marcos y va a pasar la navidad entre cuatro paredes nosocomiales, y para visitarle habrá que ponerse una mascarilla. Cosas de la leucemia mieloide aguda.19 de diciembre de 2013
LMA
Se llama Marcos y va a pasar la navidad entre cuatro paredes nosocomiales, y para visitarle habrá que ponerse una mascarilla. Cosas de la leucemia mieloide aguda.13 de abril de 2013
Sampedro nosocomial
24 de marzo de 2013
De noche
14 de enero de 2013
Silence is golden
13 de agosto de 2011
12 de agosto de 2011
11 de agosto de 2011
10 de agosto de 2011
12 de junio de 2011
Blue eyes
23 de abril de 2011
Por el culo

17 de diciembre de 2010
Verónica
El protocolo exigía habitación individual para ella y así se hizo. La compañera del turno de tarde se despidió deseándome una buena noche no sin antes advertirme de las peculiaridades del caso.
A las tres de la madrugada sonó el timbre de llamada. La encontré sentada en la cama sin más ropa que una charpa descolgada que no ejercía función alguna, sus tetas mostraban una juventud que contrastaba con el resto de su cuerpo, que exhibía una incipiente decadencia, y las piernas, abiertas como a horcajadas, permitían que un pene y escroto generosos se desparramaran sobre las sábanas. No pude reprimir por un instante pensar en la ventaja que tenían sobre los míos.
Le recoloqué el brazo en la charpa mientras me inundaba un agrio olor procedente de sus sobacos hirsutos que se mezclaba con la halitosis alcohólica que perduraba aún.
- ¿Qué te pasa, Verónica?
- Eh quehtoy mu nerviosa, porme algo, por favó,- dijo, mostrando signos claros de faltarle alguna sustancia a la que estaría habituada.
Por la mañana, mientras registraba las incidencias de Juan Manuel, el paciente de la fractura de húmero, pensé esperar un mejor momento que las tres de la madrugada para hablar con ella sobre el accidente, o lo que fuera que le hubiera pasado, pero al día siguiente ya se había ido.
Mientras me quitaba el uniforme en el vestuario pensé que por muchos años que me llevara en esta profesión nunca iba a estar seguro de haberlo visto todo.
19 de octubre de 2010
¿Qué es poesía?
8 de octubre de 2010
Ciclos
28 de septiembre de 2010
24 de mayo de 2010
Gajes del oficio
Aquella noche, mientras cerraba la cremallera de la bolsa de plástico que envolvía el cuerpo de la joven no pudo evitar que dos lágrimas rebeldes se congelaran en sus ojos, pues después de tantos meses cuidándola le sirvieron de bien poco sus artes para desconectar de este tipo de acontecimientos. Eran gajes del oficio.
Aquella mañana, mientras conducía cansado y triste camino de casa le resultó patético oír por la radio las palabras impostadas del gobernante de turno sobre recortes salariales. Eran gajes del oficio.
Aquella tarde, cuando iba camino de otra larga noche nosocomial, su mente evocaba imágenes de la habitación que hacía unas horas quedó vacía y que seguramente estaría ya ocupada por otro rostro angustiado al que cuidar. De este ciclo continuo nada sabía el gobernante de turno y soportar su ignorancia también eran gajes del oficio.
27 de marzo de 2010
Feliz en tu día
Se lo he dado a través de una de las ásperas mascarillas desechables con las que hace semanas que tenemos que entrar en la habitación de la que hace meses que no sale. Hace varios días que me cuesta mirarla a los ojos porque su mirada tiene ya fecha de caducidad y una tristeza que no quisiera que fuera posible en alguien que hoy cumple veinte años.
- Bueno, a ver qué te regalan-, he añadido dudando si seguir con más frases hechas antes de salir de aquella cárcel nosocomial.
Luego he pensado que no ha podido ver mi sonrisa al felicitarla, que nunca puede verla cada vez que entro y eso me ha entristecido, aunque lo que más me duele es que la suya tampoco es visible aún sin llevar mascarilla.
Iba a pedirle a Dios que éste no fuera su último cumpleaños, pero acabo de recordar que no soy creyente y a veces echo mucho de menos no serlo, sobre todo para poder reprocharle al cielo estos calvarios anónimos.
13 de marzo de 2010
Las edades de la vida

El joven paciente, treintañero, llevaba varios días hospitalizado y un señor mayor, casi sexagenario, le acompañaba todo el tiempo. La relación entre ambos evidenciaba mucha complicidad por lo que todo el personal de la planta convino desde el primer momento en que eran padre e hijo, manteniendo con ambos un entrañable trato.
Un día, de repente, todo se volvió cuchicheos y risitas entre el personal, y lo que es peor, hubo un cambio de actitud ante ellos. Ya no eran el padre y el hijo entrañables sino “aquellos asquerosos”. Y todo porque ese día habían decidido revelar que eran pareja.
29 de diciembre de 2009
Lo que toca no se toca
En esta fechas tan entrañables no pega para nada un post 'prozac', ni uno 'nombres' ni mucho menos uno 'yo sobreviví a' ni nada de esas penas deprimentes, no. Lo que pega o como diría Theo, mi Theo, lo que toca es lo que toca. Jijí-jajá, o sea.
Lo malo es que soy un trijte y maj que trijte por lo que sacar la vis cómica me cuesta un jartá, y es que hasta en los saraos en los que la gente habitualmente se desmelena yo me cohíbo. El otro día, por ejemplo, estuve en la cena navideña de empresa. Sí, esas cenas en las que se come muy poco y muy mal pero en las que la gente suele pagar a gusto con tal de que les dejen emborracharse después de malcomer y terminar bailando dando saltitos, un pie adelante otro atrás y los brazos flexionados con las manos cerca del abdomen. Y así todo el rato. Incansablemente.
Yo nunca voy y suelo poner siempre algún achaque estúpido, como todos los achaques, con tal de no aguantar las deprimentes coreografías y las caras presuntamente satisfechas de mis compañeras-os, pero este año me han cogido en la hora tonta y he ido. A la mala hora, porque fue también Ismael, el giocondo, ese compañero que me pone como un burro con sólo dedicarme una caída de pestañas de esos ojos negros en esa cara morena encima de ese cuerpo diez, bueno, dejémoslo en ocho y medio que ya es p´a cagarse.
Ismael, después del baile de los saltitos, se cogió un pedo importante y no podía –debía- conducir. Yo, gilipollas que me parieron, intenté eludir llevarlo a su casa pero él me abordó directamente y no pude –quise- negarme. Así que lo llevé, lo metí en casa y lo tumbé en la cama, donde cayó casi inconsciente, le quité los zapatos, la camiseta y los pantalones. Y allí quedó, aquella maravilla en calzoncillos y calcetines, encima del edredón diciendo “cómeme, pero cómeme ya”.
Y entonces yo recordé que al día siguiente tendríamos que vestirnos de blanco nosocomial, que tendríamos que mirarnos a la cara, que probablemente yo no estaría entendiendo bien las señales y que “donde tengas la olla no metas la polla”.
Al día siguiente me dio las gracias por llevarlo a casa, y yo me sentí, una vez más, trijte y maj que trijte.
24 de diciembre de 2009
Men at work



