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19 de diciembre de 2013

LMA

Se llama Marcos y va a pasar la navidad entre cuatro paredes nosocomiales, y para visitarle habrá que ponerse una mascarilla. Cosas de la leucemia mieloide aguda.
Es guapo como el solo, el muy bandido, con dos ojazos negros como el carbón desbordados de una alegría que transmite, además, con su espléndida sonrisa. Por eso, y por su 25 años, duele tanto, tantísimo, verlo tumbado horas y horas en una cama cautiva de un tetraedro de hormigón con vistas a  la calle.
Cuando contaba con solo 17 años venció a la terrible enfermedad y ahora, cuando ya la tenía olvidada, regresa por Navidad no se sabe con qué malignas intenciones. Pero él le planta batalla, con dos cojones, con dos ojazos negros y una sonrisa que rompe el corazón cada vez que se entra en la habitación con la cara tapada con una mascarilla.
Escribo esto con lágrimas en los ojos, y recuerdo a Sergio, a Pilar, a Ismael, a Antonio, a Teresa, a Bartolomé, a Bernard,...en fin , a tantos que no verán más navidades. Cosas de la leucemia mieloide aguda.
Pero también recuerdo a Iván, a Juan, a Elisabet, y a muchos que olvido porque se curaron y no han vuelto a pisar el nosocomio. Si no fuera por ellos quién podría ser enfermero.

PD. Dedicado a todos mis pacientes, que me aguantan estoicamente cada día.

13 de abril de 2013

Sampedro nosocomial

Agradecer al médico que te trata y te cura es bastante corriente, aunque esté cinco minutos al día contigo. Agradecer a l@s enfermer@s que te cuidan y contribuyen de manera necesaria e imprescindible a esa curación es más infrecuente, diría yo que estadísticamente no significativo. Pero la gente inteligente sí sabe apreciarlo en su medida, aunque esta medida no se ajuste a ninguna chi cuadrado.



24 de marzo de 2013

De noche

Es la segunda. La noche, digo. La segunda noche de curro, 'to hesho porvo'. No quiero ducharme, ni vestirme, ni coger el macutillo. Traspasar la puerta, una cuesta arriba, entrar en el coche, una asfixia, la iluminación anaranjada de la calle cuesta abajo, una losa en el pecho. Necesito mi anfeta negra para poder llegar al nosocomio entero, bueno, más o menos. Poder ayudar en algo. Arranco... Le doy al on... Empieza el riff... Ahhh

14 de enero de 2013

Silence is golden

Dorado. Magnético. Eléctrico. Visible.
Así es el silencio, tu silencio. Dorado.
En los pasillos. Tras sus esquinas.
Tu mirada llena de silencio.
Tu silencio, dorado. Como tu piel.

13 de agosto de 2011

12 de agosto de 2011

11 de agosto de 2011

10 de agosto de 2011

12 de junio de 2011

Blue eyes

Si me tocara la lotería que no compro dejaría este trabajo que tanto me gusta pero que tantos malos ratos me hace pasar. Y es que cuando creo que tengo todo bajo control siempre aparecen unos ojos asustados frente a mí que me recuerdan que no soy de piedra. Y me los llevo a casa, al coche, al supermercado,...al blog. Veinticuatro años, son tan pocos para estar tan cerca del final...


23 de abril de 2011

Por el culo


Ya se lo decía yo, que el deporte es malo para la salud, pero Comosellame no me hacía caso. Ahora resulta que tiene algo jodido y, claro, le toca el turno al reposo relativo y los antiinflmatorios. Se lo podía haber tomado en pastillas y, sin embargo, eligió la vía intramuscular aunque el dolor era leve, así que me puso una jeringa en una mano y un algodón empapado en alcohol en la otra y se bajó el pantalón dejando visible una nalga que se me antojó soberbia. Mientras empujaba muy lentamente el émbolo me deleité con el tacto tibio de su piel color miel, con su pubis que asomaba ligeramente, con sus manos que sujetaban con suave tensión el slip.
- Qué bien me la has puesto, tío.
- Es que el culo hay que tratarlo con mucho cariño.

17 de diciembre de 2010

Verónica

El protocolo exigía habitación individual para ella y así se hizo. La compañera del turno de tarde se despidió deseándome una buena noche no sin antes advertirme de las peculiaridades del caso.

A las tres de la madrugada sonó el timbre de llamada. La encontré sentada en la cama sin más ropa que una charpa descolgada que no ejercía función alguna, sus tetas mostraban una juventud que contrastaba con el resto de su cuerpo, que exhibía una incipiente decadencia, y las piernas, abiertas como a horcajadas, permitían que un pene y escroto generosos se desparramaran sobre las sábanas. No pude reprimir por un instante pensar en la ventaja que tenían sobre los míos.

Le recoloqué el brazo en la charpa mientras me inundaba un agrio olor procedente de sus sobacos hirsutos que se mezclaba con la halitosis alcohólica que perduraba aún.

- ¿Qué te pasa, Verónica?

- Eh quehtoy mu nerviosa, porme algo, por favó,- dijo, mostrando signos claros de faltarle alguna sustancia a la que estaría habituada.

Por la mañana, mientras registraba las incidencias de Juan Manuel, el paciente de la fractura de húmero, pensé esperar un mejor momento que las tres de la madrugada para hablar con ella sobre el accidente, o lo que fuera que le hubiera pasado, pero al día siguiente ya se había ido.

Mientras me quitaba el uniforme en el vestuario pensé que por muchos años que me llevara en esta profesión nunca iba a estar seguro de haberlo visto todo.

19 de octubre de 2010

¿Qué es poesía?

La sala estaba en plena ebullición, de movimientos, de voces, de entradas, de salidas, de sentadas, de levantadas. Son pocos minutos pero intensos, de querer concentrar la noche de trabajo en unos instantes, de querer expandir unos breves mensajes a diez horas de actividad. Yo estaba de espaldas a la puerta pero te sentí llegar, porque tú siempre te haces sentir no sé cómo pero es así, y después tu voz me confirmó tu presencia mientras me intentaba hacer oír en la algarabía de compañeros que nos dábamos el relevo.
Mi estado era deprimente después del turno de noche, apoyados los codos sobre la mesa y mantenidos abiertos los párpados en una lucha encarnizada contra la gravedad. En ese contexto espeso y lento me saludaste posando tu mano cálida en mi hombro vencido y eso me puso en alerta, no sé de qué o contra qué, pero en alerta, y a continuación apretaste suavemente tus dedos, y yo lo entendí como una invitación a mirarte, a mirarnos. Y eso hicimos, mirarnos, brevemente, intensamente, como lo de aquel poeta del suroeste cuando decía ‘mientras clavas en mi pupila tu pupila azul’, y aunque las tuyas son como la miel también me atrevería a decir que poesía eres tú.

8 de octubre de 2010

Ciclos

Los ciclos se repiten, que si no, no lo serían, claro. El del curro es como una cuesta arriba que termina con dos días trabajando de noche, qué bonito no dormir en la cama de uno seis días de cada mes, o mejor dicho, no dormir –simplemente- seis noches de cada mes. Y remata en cuatro días de no-curro que no suelen coincidir que el del común de los mortales, que antes era esto un incordio pero ahora me está suponiendo una terapia de lo más efectiva.
Venía antier conduciendo de vuelta de la última noche nosocomial en ese estado de sobria embriaguez celebrando el día soleado que este otoño -otro ciclo- me estaba regalando en este momento de paz interior, siempre tensa paz, que forma parte de mi estado anímico, también cíclico. Merecía una pequeña celebración todo esto pero no daba con la forma de hacerlo, hasta que abrí la puerta al llegar y él me recibió, sin sujeción a ciclo ninguno, como siempre, feliz de verme llegar. En ese momento decidí cómo celebrar la conjunción planetaria que supo coordinar todos estos ciclos en este día cuya noche no había dormido en mi cama, o mejor dicho, que no había dormido.

24 de mayo de 2010

Gajes del oficio

Aquella noche, mientras cerraba la cremallera de la bolsa de plástico que envolvía el cuerpo de la joven no pudo evitar que dos lágrimas rebeldes se congelaran en sus ojos, pues después de tantos meses cuidándola le sirvieron de bien poco sus artes para desconectar de este tipo de acontecimientos. Eran gajes del oficio.

Aquella mañana, mientras conducía cansado y triste camino de casa le resultó patético oír por la radio las palabras impostadas del gobernante de turno sobre recortes salariales. Eran gajes del oficio.

Aquella tarde, cuando iba camino de otra larga noche nosocomial, su mente evocaba imágenes de la habitación que hacía unas horas quedó vacía y que seguramente estaría ya ocupada por otro rostro angustiado al que cuidar. De este ciclo continuo nada sabía el gobernante de turno y soportar su ignorancia también eran gajes del oficio.

27 de marzo de 2010

Feliz en tu día

-Feliz cumpleaños, anda dame un beso.

Se lo he dado a través de una de las ásperas mascarillas desechables con las que hace semanas que tenemos que entrar en la habitación de la que hace meses que no sale. Hace varios días que me cuesta mirarla a los ojos porque su mirada tiene ya fecha de caducidad y una tristeza que no quisiera que fuera posible en alguien que hoy cumple veinte años.

- Bueno, a ver qué te regalan-, he añadido dudando si seguir con más frases hechas antes de salir de aquella cárcel nosocomial.

Luego he pensado que no ha podido ver mi sonrisa al felicitarla, que nunca puede verla cada vez que entro y eso me ha entristecido, aunque lo que más me duele es que la suya tampoco es visible aún sin llevar mascarilla.

Iba a pedirle a Dios que éste no fuera su último cumpleaños, pero acabo de recordar que no soy creyente y a veces echo mucho de menos no serlo, sobre todo para poder reprocharle al cielo estos calvarios anónimos.



"...que el dolor no me sea indiferente..."

13 de marzo de 2010

Las edades de la vida

El joven paciente, treintañero, llevaba varios días hospitalizado y un señor mayor, casi sexagenario, le acompañaba todo el tiempo. La relación entre ambos evidenciaba mucha complicidad por lo que todo el personal de la planta convino desde el primer momento en que eran padre e hijo, manteniendo con ambos un entrañable trato.

Un día, de repente, todo se volvió cuchicheos y risitas entre el personal, y lo que es peor, hubo un cambio de actitud ante ellos. Ya no eran el padre y el hijo entrañables sino “aquellos asquerosos”. Y todo porque ese día habían decidido revelar que eran pareja.

29 de diciembre de 2009

Lo que toca no se toca

En esta fechas tan entrañables no pega para nada un post 'prozac', ni uno 'nombres' ni mucho menos uno 'yo sobreviví a' ni nada de esas penas deprimentes, no. Lo que pega o como diría Theo, mi Theo, lo que toca es lo que toca. Jijí-jajá, o sea.

Lo malo es que soy un trijte y maj que trijte por lo que sacar la vis cómica me cuesta un jartá, y es que hasta en los saraos en los que la gente habitualmente se desmelena yo me cohíbo. El otro día, por ejemplo, estuve en la cena navideña de empresa. Sí, esas cenas en las que se come muy poco y muy mal pero en las que la gente suele pagar a gusto con tal de que les dejen emborracharse después de malcomer y terminar bailando dando saltitos, un pie adelante otro atrás y los brazos flexionados con las manos cerca del abdomen. Y así todo el rato. Incansablemente.

Yo nunca voy y suelo poner siempre algún achaque estúpido, como todos los achaques, con tal de no aguantar las deprimentes coreografías y las caras presuntamente satisfechas de mis compañeras-os, pero este año me han cogido en la hora tonta y he ido. A la mala hora, porque fue también Ismael, el giocondo, ese compañero que me pone como un burro con sólo dedicarme una caída de pestañas de esos ojos negros en esa cara morena encima de ese cuerpo diez, bueno, dejémoslo en ocho y medio que ya es p´a cagarse.

Ismael, después del baile de los saltitos, se cogió un pedo importante y no podía –debía- conducir. Yo, gilipollas que me parieron, intenté eludir llevarlo a su casa pero él me abordó directamente y no pude –quise- negarme. Así que lo llevé, lo metí en casa y lo tumbé en la cama, donde cayó casi inconsciente, le quité los zapatos, la camiseta y los pantalones. Y allí quedó, aquella maravilla en calzoncillos y calcetines, encima del edredón diciendo “cómeme, pero cómeme ya”.

Y entonces yo recordé que al día siguiente tendríamos que vestirnos de blanco nosocomial, que tendríamos que mirarnos a la cara, que probablemente yo no estaría entendiendo bien las señales y que “donde tengas la olla no metas la polla”.

Al día siguiente me dio las gracias por llevarlo a casa, y yo me sentí, una vez más, trijte y maj que trijte.


24 de diciembre de 2009

Men at work



Esta noche es nochebuena
y mañana navidad,
coge el fonendo enfermero
que te toca trabajar.



Esta es la versión del conocido hit que cantarán para sus adentros muchos compañeros esta noche. A mí este año me cuadran muy bien las fiestas, entendiendo por 'muy bien' que mañana a las ocho en punto tendré que estar ya vestidito de blanco y que en noche vieja tendré el cuerpo roto tras dos noches nosocomiales y tendré que apoyarme en el Primperan para tolerar la cena y las uvas. Quién me mandaría a mí..., con lo a gusto que estaba de cajero en el economato.

6 de diciembre de 2009

Muerte en el pasillo

En la ficha de ingreso rezaba un nombre, Francisco, pero una llamada telefónica previa me aclaraba que había llamarla Paqui y darle una habitación individual. No podía compartir dormitorio con un hombre porque él no era un hombre, ni con una mujer porque ella no era una mujer.

- ¡Enfermero, guapo!-, gritaba por el pasillo cuando me veía, haciéndome pasar la vergüenza más grande.

El sida fue el precio que pagó por su intento de reconvertir su cuerpo, que daba realmente pena ver, tan sólo un manojo de huesos débilmente articulados configurando un esperpéntico 'protodifunto' que nadie sabía cómo ni por qué continuaba vivo y sonriente. Incluso cuando la 'castigábamos' con nuestras técnicas más dolorosas, reía y hacía bromas, lo que todavía me angustiaba más. Aún recuerdo aquel día que sabía que le íbamos a pinchar en el sacro para biopsiarle la médula y nos recibió con un tanga estampado de leopardo.
Los últimos días que estuve en la planta de Infecciosos a Paqui se le colapsó un pulmón y hubo que introducirle un tubo de plástico en el costado conectado a un frasco. Con él paseaba por el pasillo como si fuera un bolso, a sabiendas de que aquello podía ocasionarle un disgusto y cuando la recuerdo, siempre me viene a la cabeza aquella Paqui adosada al tubo con el recipiente colgando dando vueltas y vueltas por el pasillo con su tristeza infinita pero siempre con ganas de guasa.
Una noche la encontraron muerta en el pasillo con la sola compañía del tubo de plástico pegado al frasco y que se había arrancado del costado. En su cuerpo pálido resaltaban en la penumbra los colores vivos del tanga estampado de leopardo.


(A Theo, por su sugerencia y a Cati por el palabro 'protodifunto')