El hombre del espejo hace tiempo que no me habla, que no me mira. Se limita a mostrarme arrugas, pelos, barba,...Y no echo de menos sus reproches matutinos ni sus juicios sumarios de antes de acostarme. No, el hombre del espejo ya no es el mismo, las pastillas al fin han acabado con él. Y por fin no me importa no saber quién soy.12 de noviembre de 2013
Espejo
El hombre del espejo hace tiempo que no me habla, que no me mira. Se limita a mostrarme arrugas, pelos, barba,...Y no echo de menos sus reproches matutinos ni sus juicios sumarios de antes de acostarme. No, el hombre del espejo ya no es el mismo, las pastillas al fin han acabado con él. Y por fin no me importa no saber quién soy.9 de abril de 2013
Cosa pública

19 de febrero de 2011
Futuro imperfecto

La extraña pareja viajaba cómodamente en su coche. Lucían canas y tinte respectivamente y estrenaban la sensación de no tener que ir a trabajar más. Nadie diría de ellos que eran una extraña pareja, si acaso modélica, cómo llamarlos si no después de cuarenta años juntos. Dentro de cada uno, pero no demasiado lejos, reposaban las cenizas de incendios pasados apagados con tantas lágrimas secas de ambos donde, si rebuscaban bien, siempre se quemaban los dedos con ascuas rebeldes.
En pocos minutos cruzaban la frontera, la geográfica, como tantas veces, para qué ir más lejos, era tan estimulante encontrar otra lengua, otra gastronomía, otra vida tan solo a media hora de camino. Pasear, comprar, comerse alguna cataplana y, a la vuelta, traerse atún recién pescado de algún pueblecito de la costa, como tantas veces.
La radio, a la vuelta, sonaba para nadie. Él, imaginando cuentos para su blog y ella, quién sabe en qué onda podría estar. Y ambos, de vez en cuando, rebuscando entre las cenizas a ver si , por fin, se hubieran apagado aquellas ascuas tan rebeldes.
30 de diciembre de 2010
Tiempo y distancia
Segundos de vestuario. Llegamos con ropa deportiva y nos separan unos centímetros de aire. Casi puedo percibir tu calor mientras nos desnudamos y nos dedicamos una sonrisa, de cortesía la tuya y de pudor la mía.
Minutos de nado libre. Flotamos con speedos y nos separan unos centímetros de agua cuando se cruzan nuestros cuerpos compartiendo la misma calle. Casi no consigo coordinar la respiración mientras observo tan cercano tu majestuoso paso subacuático.
Minutos de relajación. Nos aclaramos la espuma y nos separan unos centímetros de vapor que emana de las duchas. Casi no puedo contener una mirada delatora y una caricia rendida, pero finalmente la contengo.
Horas de insomnio. Nos tendemos con pijamas y nos separan centenares de metros, quizá kilómetros, pero nada comparado con este abismo que en cada momento me aleja de ti.
20 de diciembre de 2010
Cuenta atrás
Después de hacer el amor solía dar siempre una cabezada, y él se quedaba extasiado observando sus profundas respiraciones mientras lo acariciaba suavemente. Cuando se despertaba iba caminando al baño, descalzo, dando pequeños pasos de puntillas que a él le hacían sonreír con ternura. Tras la fugaz y silenciosa ausencia se volvía a meter en la cama y se pegaba a él cubriéndolo de amor.
Aquella tarde, en cambio, las respiraciones profundas le parecieron ronquidos estruendosos, el tierno paseíllo de puntillas, terriblemente ridículo, la visita al baño, repleta de sonidos indeseados, y el acoplamiento postrero, goteante y frío.
Mirando al techo pensó que lo que habían hecho aquella tarde ya no era amor, sino solamente sexo y que el principio del fin ya había comenzado.
...it´s the final countdown...
8 de septiembre de 2010
Extreme makeover

Me gustó de él su equilibrada asimetría. Sí, ya sabes, las cejas algo juntas, los dientes un poco como pugnando por buscar su sitio, los labios desiguales, la nariz aguileña y cierto desequilibrio en los genitales.
Me apasionó de él su estudiada arritmia. Sí, ya sabes, su rapidez para lo que necesitaba pronto y su poca prisa para acabar lo que me daba placer.
Me enamoró de él su aparente excentricidad. Sí, ya sabes, inesperado en sus detalles, deslumbrante en sus argumentos, incorrecto en la política, reivindicativo en lo cotidiano,…
Me dejó de gustar cuando salió de la clínica estética con aquellas proporciones de Hombre de Vitrubio y cuando esta perfección se proyectó en el fondo y en sus formas también dejó de apasionarme. Sí, ya sabes, esas cosas que pasan poco antes de acabarse el amor.
24 de julio de 2010
Vecino de cine

Nunca sé cómo consigue llevarme siempre a su terreno de estudiante empollón cuando realmente lo que me interesa de él es poder hacer alguna tarde la escena de la mantequilla de 'El último tango', sin importarme demasiado si encarnar a Marlon Brando o a María Schneider.
23 de julio de 2010
Espiral

Hacía tiempo que no sabía de ti. Desde la última vez no ha habido nada, ya sabes, poco tiempo, mucha gente, pocas decisiones, muchas interrupciones. El dique seco.
Cuando hoy me has invitado a subirme otra vez a la espiral, al vértigo, al magnetismo, no lo he dudado, no he podido resistirme y aquí me tienes, abducido en tu vorágine, ebrio sin haber probado alcohol.
Pero ahora que tengo cinco minutos de serenidad sobrevenida –quién coño la habrá pedido- me pregunto por qué sabrás tan bien empujarme al lado oscuro, a mi lado oscuro. Aunque ya sabes, es sólo una pregunta retórica, que los dos sabemos que no existe el lado oscuro, que todo es cuestión de por dónde da la luz. Como la Luna.
...Don´t wake me, I´m falling...
29 de junio de 2010
Terapias
Prólogo
Me habían dado de alta y creía ser feliz. Tan ansioso estaba de comprobar que me habían liberado de aquella filia que tanta angustia me provocaba que no acertaba a elegir un lugar para ponerme a prueba, así que me dejé llevar por el primer impulso y me dirigí a la playa nudista. Caminé por la orilla y enseguida vi que un muchacho caminaba hacia mí. Me alegró comprobar que no sentía ninguna especial atracción por él, a pesar de poder reconocer la tremenda belleza que aquel cuerpo que se aproximaba y que se detenía frente a mí con un cigarrillo apagado entre los dedos.
Capítulo
Me pidió fuego, y lo tenía tan cerca que podía oler el salitre pegado en su piel y fue entonces cuando sentí una fuerte náusea que me hizo palidecer, tanto que me cogió del brazo para ayudarme pero al notar el contacto de su mano, vomité. Se ofreció a llevarme a casa, mientras rodeaba mi cintura con su brazo y colocaba el mío sobre sus hombros y, en ese instante, sentí una descarga en las sienes que me obligó a zafarme de él y salir corriendo antes de que me desplomase del dolor.
Epílogo
Sí, realmente estoy satisfecho porque ya no siento atracción por los hombres. Acabaron mis angustias para siempre y todo gracias a la terapia reconductual. Sería totalmente feliz si no fuera por estas náuseas y dolores de cabeza repentinos que me vienen dando, no sé por qué, últimamente.
6 de junio de 2010
RCP versus RIP

23.30. La sangre brotaba pulsante de sus muñecas derramándose sobre el móvil con el que había avisado al 061. La vista se le iba nublando y sólo procuraba concentrar su cada vez más escasa actividad mental en un único pensamiento: que fuera él quien acudiera a reanimarle. Había espiado sus cuadrantes de turnos la misma noche en que él decidió abandonarlo por aquel compañero de trabajo y escogió esa noche para hacerlo, la noche que hubiera sido su tercer aniversario.
23.37. Llegaron precipitadamente al solitario parque donde, en un apartado banco, se había derrumbado momentos antes debido a la hemorragia. Puede que no hubiera calculado bien los tiempos porque su plan de decirle 'te amo' a las puertas de la muerte, como último recurso para recuperarle, se estaba frustrando hasta tal punto que en lugar de tenerle entre sus brazos lo tenía encima golpeándole rítmicamente el pecho.
23.58. El joven médico no podía evitar derramar algunas lágrimas, las más amargas de su vida, mientras intentaba reanimar al moribundo que había sido su amante durante varios años. A su lado, insuflando por última vez el aire inútil en la cara pálida del joven, su compañero se rendía ante las inefectivas maniobras de reanimación sin llegar entender el significado de aquellas lágrimas.
2 de junio de 2010
Sísifo

Empieza la caída al vacío, la gravedad tira de mí y nada puedo hacer para evitarlo. Al final el vértigo ha podido conmigo y la culpa es sólo mía, por asomarme a mi propio abismo solo y sin protección.
En el fondo oscuro y pantanoso que me espera allá abajo aguardan mis fantasmas, mis miedos, que se ensañarán con mis vísceras esparcidas en la ciénaga tras estrellarme.
El tiempo sin luz será interminable y el trabajo de recomponerme agotador pero soy fuerte y resistiré, como las otras veces. Y eso es lo peor, saber que después de resucitar llegará el día en que me asomaré de nuevo a mi abismo para sentir el vértigo que me hará caer de nuevo al vacío.
25 de mayo de 2010
Señales y mensajes
Ha llegado el sol por fin, amor. Estoy en la playa y no hay nadie, sólo Diógenes y yo, él como siempre en lo suyo, haciendo hoyos en la arena mojada de la orilla y yo pensando en lo nuestro. A veces me asaltan dudas sobre nuestro futuro si es que éste existe, que ya va para tres meses y aún no hemos tenido una primera vez, aunque, bueno, eso parece darle un toque especial a lo nuestro. Mientras escribo este SMS de enamorados y lo guardo en ‘borrador’ me propongo que de hoy no pase pedirte el móvil…ay, espero haber interpretado bien las señales, amor.

30 de marzo de 2010
Pobre hombre
Quien pronunciaba la última frase del diálogo, lapidaria, cerraba la puerta tras de sí dejándole completamente solo en el rellano, en un silencio interrumpido brevemente por el brusco sonido del ascensor parando en otras plantas.
- Sólo eres un pobre hombre…
En la calle olía a primavera y, de lejos, se podía oír muy atenuada la música seudomilitar que acompaña a los pasos de misterio. Él se dirigió en dirección opuesta al gentío que buscaba la procesión dejando que el sonido de tambores y cornetas dejara paso a aquella última frase que se instalaba machaconamente en su cabeza. No entendía por qué le hacía tanto daño oír de otros lo que él sabía desde siempre, bueno de ‘otros’ no, de ‘otro’. Y lo peor de ser sólo un pobre hombre es pasar a ser sólo un pobre hombre…solo.
El bullicio y de nuevo el estruendo de una banda uniformada le sacó de sus pensamientos cuando el paso se paró frente a él para que una desgarrada voz cantara sus penas en la calle. Las lágrimas le resbalaron por la cara y no sabía bien si por la pena o por la emoción.
9 de febrero de 2010
Alegoría
El destino le había hecho vivir donde no quería y, además, no le había dado armas para evitarlo. Siempre quiso estar entre iguales pero se vio obligado a una existencia en soledad, y en aquella especialmente dura, la que se siente a pesar de estar en compañía. Aún así, la vida tenía que seguir y seguía, el oxígeno y el dióxido de carbono se intercambiaban sin cesar en su organismo y todo resultaba como se esperaba de él. Menos para él, para quien la fotosíntesis no lo era todo en la vida.
Aquel pinar era un lugar paradisíaco para cualquier árbol, o mejor dicho, para cualquier pino, pero él era un eucalipto y necesitaba sentirse entre sus iguales, en el eucaliptal, y se hundía a veces en profundas crisis de melancolía por no saber cambiar su destino. Los pinos, generosos, siempre intentaron consolarlo, integrarlo, pero todo fue en vano.
Cuando de mañana paso junto a él siempre me paro, y lo acaricio sin importarme qué pensarán de alguien que le habla a los árboles mientras los toca. Qué sabe nadie de nuestra complicidad.
Sentir su robustez me da serenidad, la que necesito, y a mí me gusta pensar que, cuando le hablo y le acaricio, sus hojas se vuelven hacia el sol dejando en el pinar algo más que el oxígeno que respiro.
1 de febrero de 2010
El virgo perdido
Aquella iba a ser la primera vez para Iván, y el encargado de hacerlo, un profesional. El saber de su reputada experiencia no le quitaba en absoluto el miedo a que se la metieran por donde nadie lo había hecho hasta entonces, pero en cualquier caso ya estaba allí y no había escapatoria posible. “Es importante que te relajes porque todo será más fácil”, le había aconsejado mientras le ayudaba a quitarse los pantalones y los calzoncillos en la única cama de aquella sala cuya fría decoración tampoco ayudaba demasiado a tranquilizarle.
Él era el segundo profesional del establecimiento que le atendía pues el primero ya se había marchado, habiéndolo dejado además algo dolorido, por lo que convino en que tendría que poner más cuidado con Iván que habitualmente. No dudó en echar mano del lubricante para facilitar la introducción pero antes hizo pasar a la sala a otro empleado, lo que hizo que se pusiera más nervioso. “No te preocupes que él no te hará nada, sólo mirará”, le había dicho sonriente mientras le cogía con decisión la polla.
Cerró los ojos sabiendo que la cuenta atrás había finalizado y su corazón empezó a latir rápidamente mientras oía aquella jerga incomprensible que el profesional soltaba en tono docente al otro empleado.
- ¿Ves?, esto es una retención aguda de orina secundaria a la intervención del hidrocele bilateral que tenía y que vamos a resolver introduciendo esta sonda por la uretra evacuando así la vejiga. Venga Iván -continuó dirigiéndose a él-, respira hondo.
1 de enero de 2010
Año ¿Nuevo?
Jose.
La redacción estaba vacía aquel primer día del año. En la inmensa sala llena de mesas de despacho Jose descansaba en su sillón, algo resbalado y con las piernas a horcajadas para facilitar la tarea del joven que, arrodillado ante él, tenía la cara incrustada en su entrepierna. Hacía tiempo que fantaseaba con su compañero Alejandro, justo desde que empezó a sospechar de su ‘entendimiento’, y ahora había decidido descargar la tensión. Reposaba sus manos en su cabeza sin ejercer apenas presión simplemente para constatar el vaivén que le producía tanto placer, con los dedos hundidos en unos rizos existentes sólo en su imaginación.
- Alejandro, Alejandro –, susurro casi inaudible mientras se desbordaba en la boca del otro hombre que, al oír el nombre de otro compañero de la redacción, se alzó sin levantar la mirada mientras se limpiaba la cara con la manga del jersey alejándose , decepcionado, entre las mesas vacías de la redacción.
Andrés.
Le parecía mentira lo que le estaba ocurriendo. Después de tantas ‘señales’ que le parecieron equívocas hasta entonces, por fin Jose se había definido. Habían acordado quedarse de guardía en la redacción para acabar un trabajo pero ambos sabían que eso sólo era la ‘romántica’ excusa para el encuentro. El hombre motivo de sus insomnios estaba ahora delante de él, sonriendo pícaramente acomodado en su sillón, con las piernas en una postura que evidenciaba lo que esperaba de él. Cuando abría cadencioso la cremallera sentía un vértigo que le dejaba fuera de sí. El corazón le reventaba en el pecho y, en la boca, otro latido más pausado pero de igual potencia le invadía: el de Jose. Pero entonces, el nombre de alguien ajeno a aquella escena resonó en sus oídos haciéndole salir de la ensoñación, y de aquel amor presunto sólo quedó una caliente humedad. Y comprendió, resignado, su papel secundario en aquella historia de amor.
29 de diciembre de 2009
Lo que toca no se toca
En esta fechas tan entrañables no pega para nada un post 'prozac', ni uno 'nombres' ni mucho menos uno 'yo sobreviví a' ni nada de esas penas deprimentes, no. Lo que pega o como diría Theo, mi Theo, lo que toca es lo que toca. Jijí-jajá, o sea.
Lo malo es que soy un trijte y maj que trijte por lo que sacar la vis cómica me cuesta un jartá, y es que hasta en los saraos en los que la gente habitualmente se desmelena yo me cohíbo. El otro día, por ejemplo, estuve en la cena navideña de empresa. Sí, esas cenas en las que se come muy poco y muy mal pero en las que la gente suele pagar a gusto con tal de que les dejen emborracharse después de malcomer y terminar bailando dando saltitos, un pie adelante otro atrás y los brazos flexionados con las manos cerca del abdomen. Y así todo el rato. Incansablemente.
Yo nunca voy y suelo poner siempre algún achaque estúpido, como todos los achaques, con tal de no aguantar las deprimentes coreografías y las caras presuntamente satisfechas de mis compañeras-os, pero este año me han cogido en la hora tonta y he ido. A la mala hora, porque fue también Ismael, el giocondo, ese compañero que me pone como un burro con sólo dedicarme una caída de pestañas de esos ojos negros en esa cara morena encima de ese cuerpo diez, bueno, dejémoslo en ocho y medio que ya es p´a cagarse.
Ismael, después del baile de los saltitos, se cogió un pedo importante y no podía –debía- conducir. Yo, gilipollas que me parieron, intenté eludir llevarlo a su casa pero él me abordó directamente y no pude –quise- negarme. Así que lo llevé, lo metí en casa y lo tumbé en la cama, donde cayó casi inconsciente, le quité los zapatos, la camiseta y los pantalones. Y allí quedó, aquella maravilla en calzoncillos y calcetines, encima del edredón diciendo “cómeme, pero cómeme ya”.
Y entonces yo recordé que al día siguiente tendríamos que vestirnos de blanco nosocomial, que tendríamos que mirarnos a la cara, que probablemente yo no estaría entendiendo bien las señales y que “donde tengas la olla no metas la polla”.
Al día siguiente me dio las gracias por llevarlo a casa, y yo me sentí, una vez más, trijte y maj que trijte.