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8 de noviembre de 2013
25 de enero de 2012
Another day in paradise
"Me gusta que Runagay me lleve a la playa. Estas fotos no tendrían mucho de especial si no fuera porque son de la semana pasada, con 12ºC de temperatura ambiente y con no se sabe cuál, la del agua. Eso me dijo pero yo no entiendo de grados centígrados y me meto en el agua como si fuera una sauna y salgo de ella como una bola de algodón, al más puro estilo Pantera Rosa, contento como unas pascuas".
"Lo peor: los cinco minutos de coche hasta llegar al paraíso, lo llevo regular, que mira que carita llevo".
5 de octubre de 2011
Y cómo es él.
Guapo. Fuerte. Sensible. Discreto. Fiel. Cariñoso. Agradecido. Condescendiente. Ordenado. Puntual. Amable.
Así es él. ¿Y qué hombre puede ser así? Ninguno, claro. Porque él no es un hombre. Él es Diógenes.
No ladra, no guarda la casa, no trae la pelota que le tiras, tiembla camino del veterinario y le asustan las tormentas. Quizás debí llamarlo Scooby-Doo.
5 de febrero de 2011
El intruso
(Caniloquios es la etiqueta con la que coleccioné, mientras duró, una serie de diálogos con Diógenes en aquel blog que pasó a mejor vida. Basado en hechos reales)
Aquella mañana invernal salí de la cocina preocupado al comprobar que, por la noche, alguien había estado merodeando por la casa y que el perro no había ladrado. Fui hasta su cojín, donde retozaba hecho un ovillo.
- Le noto algo tenso, Mr. Runagay, ¿no ha dormido bien?-, dijo después de bostezar.
- Estupendamente. Y creo que tú, aún mejor, ¿no?.
- Hum, noto cierto tono de reproche. Relájese y hablemos.
- Muy bien, Diógenes, esta noche han entrado en casa y ni te has enterado.
- Se equivoca. Sé perfectamente quien ha entrado.
- Peor me lo pones. ¿Por qué lo has permitido?
- Obviously, Mr. Runagay, por solidaridad. Era un sin papeles muerto de hambre al que habían desplazado de su territorio contra su voluntad. Sólo quería comer y le indiqué por dónde llegar a la despensa.
Y se queda tan fresco el tío, que se cree que es el ACNUR evaluando un incidente en la franja de Gaza.
- Diógenes, no era más que un ratón que vino escondido en la leña que compré ayer.
- ¡Bah!, cuestión de matices.
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