2 de abril de 2009

Amor incondicional


Quienes te conocían me hablaron mal de ti, que costaba entenderse contigo, que no te dabas fácilmente, que arrancar la poesía de tu alma me sería imposible. Qué equivocados estaban. Para el amor y la pasión no hay barreras, qué verdad más absoluta que hace que se desvanezcan los muros más altos. Nada me importó que fueras extranjero ni que tu idioma fuera indescifrable al principio porque sabía que estabamos condenados a entendernos.
Fueron tantos años esperándote que las manos me temblaban cuando te tuve entre mis brazos y te acaricié por primera vez. Tu cuerpo sinuoso y estilizado,  tu voz grave y templada que lo mismo me habla susurrando melodioso como rotundo y enérgico. Me das lo mejor que llevas dentro cuando te acaricio sin pedir nada a cambio, y ahí estás siempre, dispuesto a la pasión. Eres el amante ideal, el amor de mi vida.


1 de abril de 2009

Manuel, el novio.

Ya no recuerdo su nick y eso que no hace tanto que le dije adiós fulminantemente. Todavía no me explico cómo le dejé traspasar el umbral de lo virtual  y personarse en la oficina. Hay que ver lo que puede engañar una webcam y un buen marketing personal a través del mesenller, que consiguieron que un cuarentón fibrado, sin-pluma y bien conservado se manifestara en directo como una loca bajita con patas de gallo.
Lo realmente enigmático es que, a pesar de la desagradable sorpresa de cómo se materializó en presencia de mis compañeros, sin invitación formal, no lo mandara a tomar-por-culo, lugar anatómico por dónde a él no le gustaba recibir nada porque era top. Sí, el mozo era activo a pesar de la espectacular  pluma que portaba y que le resultaba imposible disimular.
A la semana del primer contacto en el chat de Chueca ya refería quererme, a la tercera decía ser mi novio y al mes no le importaba adoptar a mis hijos con tal de que me fuera a vivir a su casa. Os aseguro, queridos extraterrestres, que el "sentido común" que me había mantenido en el armario hasta los 45 no fue capaz de sacarme de la abducción que este tío ejercía sobre mí. Llegamos hasta tener peleas de novios, reproches y desavenencias, como está protocolizado en toda relación que se precie. Además, no era mi tipo, era absorbente, soberbio y hasta muy mari y en definitiva, la antilujuria y, no obstante, consiguió que le besara a escondidas en la oficina, que me enseñara su apartamento y que se la mamara al pasar por el saloncito. También consiguió que en casa tuviera que dar explicaciones sobre aquel nick, mistercloset, que me había dejado guardado torpemente en el mesenller.
Este infausto suceso me sacó brutalmente, como no podía ser de otro modo, del estado de abducción en el que estaba inmerso y determinó el fin de aquella desgraciada relación que casi acaba con mi cálida vida en el armario.