martes, diciembre 24

En la oscuridad

Y quién no se ha movido alguna vez en la oscuridad...

jueves, diciembre 19

LMA

Se llama Marcos y va a pasar la navidad entre cuatro paredes nosocomiales, y para visitarle habrá que ponerse una mascarilla. Cosas de la leucemia mieloide aguda.
Es guapo como el solo, el muy bandido, con dos ojazos negros como el carbón desbordados de una alegría que transmite, además, con su espléndida sonrisa. Por eso, y por su 25 años, duele tanto, tantísimo, verlo tumbado horas y horas en una cama cautiva de un tetraedro de hormigón con vistas a  la calle.
Cuando contaba con solo 17 años venció a la terrible enfermedad y ahora, cuando ya la tenía olvidada, regresa por Navidad no se sabe con qué malignas intenciones. Pero él le planta batalla, con dos cojones, con dos ojazos negros y una sonrisa que rompe el corazón cada vez que se entra en la habitación con la cara tapada con una mascarilla.
Escribo esto con lágrimas en los ojos, y recuerdo a Sergio, a Pilar, a Ismael, a Antonio, a Teresa, a Bartolomé, a Bernard,...en fin , a tantos que no verán más navidades. Cosas de la leucemia mieloide aguda.
Pero también recuerdo a Iván, a Juan, a Elisabet, y a muchos que olvido porque se curaron y no han vuelto a pisar el nosocomio. Si no fuera por ellos quién podría ser enfermero.

PD. Dedicado a todos mis pacientes, que me aguantan estoicamente cada día.

viernes, diciembre 13

Na na na náaaa....na naaa na.

Odio la Navidad. Sí. Es mi entrada clásica por estas fechas de burbujas, décimos, calvos y demás monstruitos, como Raphael extrañamente acompañado de 'colegas' destrozando sin piedad Always on my mind.
Este año me adelanto un poco porque el odio me lo ha despertado Diógenes, que también la odia, aunque por motivos distintos. Ya oye petardos y ya no sabe dónde esconderse. ¿Cómo podría hacerle entender que no es la guerra, sino simples gamberros?

miércoles, diciembre 4

Amanece

El suroeste es un lugar perdido, de paso para casi ninguna parte. De noche se oye el silencio, de día el revuelo de los gorriones y, a veces, los graznidos de gaviotas despistadas por alguna tormenta. El rumor retardado de aviones que dejan su rastro, blanco y nuboso, por el cielo más azul salpica las mañanas rompiendo su monotonía cromática.
El melodioso y casi imperceptible gemido de Diógenes solicitando respirar el aire fresco de la calle, del campo, anuncia su  hocico frío aproximándose entre las sábanas. Abro los ojos y miro a la ventana, y aprovecho ese momento de paz. Ese que precede, irremediablemente, a enfrentarme cada día a mí mismo.

lunes, diciembre 2

Vade retro

Anoche vino de nuevo, desde el lado oscuro. Me sorprende siempre desprevenido, en la cama, queriendo coger el sueño. De pronto siento que me envuelve, me atenaza, me asfixia. Me agobia no poder verlo y sin embargo es como una losa sobre mí. Quiero escapar, liberarme, pero no puedo y siento que me rapta, que me lleva al lado oscuro. Me agarro a las sábanas pero todo es inútil, me doy por vencido. Pero en el último momento consigo abrir los ojos y volver súbitamente del lado oscuro y sentir sobre mí solo el leve peso de la sábana que empapa mi sudor mientras compruebo que estoy solo en la cama.
Anoche volvió a visitarme sin ser invitado y, una vez más, no pudo arrastrarme al lado oscuro. Lo mismo el no creer en él me ayuda a vencerlo en esas noches que, cada vez más frecuentemente, cae sobre mí.