
¿Queda alguna ciudad que carezca de festival de cine?, me preguntaba cuando enfilaba los últimos metros peatonales, y fue entonces cuando lo vi. Fueron unos segundos de impecable traje oscuro, bueno digo impecable porque no encuentro otra palabra que describa cómo le quedaba la prenda a aquel apolo urbano cuya visión pensé que me quitaría el estreñimiento durante décadas.
Decididamente concluí que la naturaleza es injusta. Repartiendo belleza, quiero decir.
Alguien sentado a mi vera, en el coche, me apuntó que era Ramiro, el de 'El tiempo entre costuras'. ¿Y quién coño es ese?, dije, con la cara del ignorante que ve poca televisión. Me fui a la internet y allí estaba. Él. No tengo palabras. Bueno, sí, que la realidad siempre supera a la ficción.