
La leucemia es una enfermedad cara. Requiere largos tratamientos, ingresos hospitalarios repetidos, algún transplante de médula ósea y muchas pruebas diagnósticas. Todo ello carísimo.
El personal capaz de diagnosticarla y tratarla cuesta muchísimo tanto formarlo en carísimas universidades como pagarles el sueldo. Igualmente, el personal capaz de cuidar a las personas que la padecen. Todo muy caro. Carísimo.
En muchos países avanzados han entendido esto y, en ellos, no todos tienen derecho a curarse o tratarse con dignidad la leucemia. Y aquí, según todas las encuestas, vamos a empezar a entenderlo así muy pronto.