Es una cagada, sí, y antes de que lo diga alguien lo digo yo, ea, que para eso soy el director de este chiringuito, bueno, quiero decir de este engendroblog. Hum, qué de tiempo sin nombrar esta palabreja.
A lo que iba, a la cagada. Que esta mañana estuve en el fisio, un chaval que lleva tocándome el culo -y la espalda también- desde hace un par de años y una vez cada mes, pero todo muy en plan profesional, no vayamos a llamarnos a engaño, pero que hoy se ha centrado tanto en abre glúteos, cierra glúteos, abre glúteos, cierra glúteos, que no sé qué me estaba creyendo yo. En esas, se me arrima por el flanco izquierdo para alinearme la columna -que es a lo que él llama retorcerme el torso y dejarse caer encima con todo su peso-, pegándome lo que viene siendo todo el paquete en mi mano. Cuando terminó pensé que lo que pegaba era darnos un beso con lengua, pero fue un pensamiento fugaz.
Mas esto no es la cagada, no, ésta viene cuando, ya en casa, revisando mis últimos favoritos en Machomoe para desfogar, me vinieron ganas de contarlo y, claro, a who the fuck contárselo. No encontré otra salida que volver a casa por navidad, después de tres estaciones de silencio, para implementar esta penosa y extemporánea entrada. Mil perdones para los que todavía me tengáis en vuestro blogroll, pero es que me he quedado tan bien.
