24 de enero de 2011

Un día, una noche, un regalo.

Es este un frío mes de efemérides, año nuevo... reyes... el patrón.... Y la guinda, esta madrugada, que para mayor contradiós toca nosocomio y no parece este el lugar más adecuado para celebraciones, pero teniendo en cuenta que hay poco o nada que celebrar, casi mejor allí.

Este día de cambio numérico me pilla con bastante menos canas, entradas, arrugas y barriga de las que me corresponden por trienios, sin embargo ya me gustaría no aparentar tantos años menos con tal de no sentirme con tantos años más pero, como de momento, el ADN y el destino no se eligen pues me parece que va a ser que a joerse tocan.

Esta noche en vela laboral me pilla con la novedad de que a comosellame lo voy a tener codo con codo a partir de hoy, vaya la coincidencia y vaya la desazón, aunque bien es cierto que no hay nada como el roce para derribar mitos. Eso espero.

Este día -estos días-, en el pensamiento, una línea de bajo, la de I Want You Back -que me está costando una areata- y un standby, el que se está merendando, entre otros, mi blog sin que pueda remediarlo. Y por supuesto, una bestia, melenuda y con nombre propio, pero a este lo tengo cada día en mente sin importar efemérides. Ah, y también me pasan cosas como esta por el pensamiento, que es el único sitio por donde me pasan, y perdonad esta ordinariez que me permito como licencia en este señalado día.

Este regalo inesperado lo he recibido por email desde el trabajo y es una invitación a un curso que se titula "Taller de Reparación del Esfínter Anal. Día 26 enero, en horario de 16,00 a 21,00 h. Aún quedan plazas libres". Estoy pensando en aceptar, que lo mismo algún día cambia mi suerte y lo necesito.

Por cierto, son 52. Y por favor, nada de felicitaciones que os conozco.


Yo también tenía 10 añitos por entonces

17 de enero de 2011

Necrológica

Eran aquellos, tiempos de tres blogs, tiempos de aflorar, tiempos de descubrir, tiempos de engendrar. Quizás por eso el nombre de engendroblogs y no por lo monstruoso, aunque también.

En uno podía hablar con Diógenes y él me respondía, que era el protagonista, y qué felices fuimos observando el suroeste. Hoy ya no me habla mi perro y el engendro ha quedado yermo.

En otro podía rajar del curro, que así me liberaba de los malos rollos, de los cansancios, de lo odiosamente correcto. Hoy ya me da igual rajar o no y el blog se apaga lentamente.

En este podía ser yo mismo, buscar comprensión, y lo logré. Hoy ya no sé qué hacer con todo eso, ni siquiera sé si me hace bien, y este blog, el último, se estanca dejándome un vacío que no sé como llenar.