
Me gusta desayunar viendo las tertulias mañaneras, bueno, me gustaba porque desde lo de la crisis ésta es que todos dicen lo mismo. Qué aburrimiento. Todo señala a la derecha, desde los instalados en ella a los que copian zafiamente sus recetas pasando por los que sin poder copiarlas, las añoran. Es ya tan anodino todo que el zapping no alivia nada el asunto y se me acaban agriando todas las mañanas la mantequilla, la mermelada y el rooibos.
Y para matar el aburrimiento ya se fija uno hasta en los acentos, las dicciones y las muletillas de los tertulianos, y precisamente por eso he reparado en una señora, castellana ella, con una prosa trufada de laísmos y leísmos que terminó diciendo algo así como “…efeztivamente, con la huelgga del metro de Madriz, la ssubida de la faztura eléztrica y la pérdida de aztivoss bursátiless no sse puede reaztivar la economía”. Y fue cuando decidí fulminarla con el mando a distancia y largarme a la calle con Diógenes a echar el desayuno agriado para abajo, que es una forma andaluza de decir 'a digerir el desayuno agriado'.