martes, septiembre 27

Síndrome de Stendhal


Al entrar en la sala ya iba ansioso y cuando mire a la derecha y lo vi, al fondo, iluminado como por el cielo claro, se me secó la boca y se me humedecieron los ojos. El corazón se aceleró ligeramente cuando me acercaba a él y siguió así mientras lo rodeaba lentamente y lo adoraba desde todos los ángulos que el artista había previsto que lo adoraran. Sin ser un dios. Tarea imposible imaginar que un día fuera un pedazo de la tierra de Carrara. Imposible, también, no enamorarse de él.

Inspirado en El Espinario, de Uno. Otro ángulo al pie del blog.

jueves, septiembre 22

Un día malo

Mal día para el mundo. Lo de Troy me ha hecho pensar, además de en el horror, en quienes le pusieron el catéter mortal. Lo de Jamey, en que yo también tuve 14 años.

miércoles, septiembre 14

Onda Sensiblera

Eternal summer, Dog tags, Ander, Contracorriente,... En esas llevo estos días del fin de las vacaciones, en plan romántico-lacrimógeno.

Cuando ya llegas a creer que el mar siempre estará en calma, cuando te convences de que este blog ya no será lo que era –lo que fue- y que alguna de sus etiquetas no volverán a ser usadas, va y te sintoniza esta onda sensiblera. La llamo así para hacerme el fuerte, el que no está necesitado de ternura. Qué tonto.

domingo, septiembre 11

Para reír, para llorar, para no dormir

Una disputa entre partidarios y detractores de que la Virgen de Tejeda porte peluca obligó el martes y ayer a intervenir a una patrulla de la Guardia Civil.

La alcaldesa de la localidad, Aurelia Palomares (PP), quiso "adueñarse" de la Virgen de Tejeda para taparla con una peluca.

Este asunto se debatió en una sesión plenaria porque los vecinos le habían pedido en reiteradas ocasiones que la imagen debería llevar peluca.

El párroco decidió quitarle la peluca para la ofrenda.

Tras la actuación de las fuerzas de seguridad, las más de 3.000 personas que acudieron a la ofrenda ayer pudieron ver la talla de piedra del siglo VII que representa a la Virgen de Tejeda sin peluca. La tensión se palpa en las calles del municipio en plenas fiestas, a la espera de saber qué pasará en la procesión.


Os aseguro que este texto es un copia-pega de un periódico de anteayer. Palabra.


viernes, septiembre 9

Peregrino ateo

Llegué ateo y volví igual.
Tampoco esperaba nada, en este sentido, de aquella peregrinación en la que solo era un participante oportunista, para el que la visita al remoto santuario era una mera excusa para recorrer un país. Presuntamente había sido yo el beneficiario de las bondades del santo por lo que tengo que admitir que debo ser una suerte de infiel desagradecido por no creérmelo, por un lado, y por otro, por aprovecharme de que el Frecciargento pasa cerca para visitarlo. Y encima, para pillar ese tren, puse como condición echar unos días antes por unas cuantas ciudades algo más atractivas que el pueblecito donde descansa en paz el hombrecillo de los eternos guantes que ocultaban presuntos estigmas.

Yo espero que no se lo tome a mal, allá donde esté, si es que está, porque si un santo no es capaz de perdonar el escepticismo de un impío, que venga Dios y lo vea.

sábado, septiembre 3

Ay, omá.

Cuando habláis de vuestras madres pienso que soy un gay tan alien porque nunca tuve la madre que todo gay debe tener.

viernes, septiembre 2

Taxi driver

Fue mi penúltimo contacto con aquel país. El último fue la desabrida azafata del mostrador de facturación de equipajes. Llevaba un traje gris brillante que le quedaba como un guante y una gafas de sol de esas que se pegan a la cara totalmente y el contraste me resultó imponente.

- ¿Me confirma que es al aeropuerto de Ciampino?

Aquella voz en itañol puso la guinda a aquel bombón humano con el que hubiera estado encantado que me hiciera perder el vuelo, pero no, tan sólo se limitó a realizar correctamente el servicio de transfer.
Puso la radio y sus manos me parecieron perfectas, cuidadas, y acariciaban el volante de manera tan sensual -diría más bien erótica- que cuando me di cuenta me había provocado una semierección. Por los altavoces, Nek sonaba con volumen atenuado.
No puedo contar como es el paisaje del sur romano porque lo recorrí mirando aquellas manos y, de vez en cuando, aquellas gafas de sol pero supongo que no merecería más la pena que con lo que yo me deleitaba.
En la cola sinuosa y lenta en la que arrastraba las maletas no dejó de resonar en mi cabeza aquel arrivederci que casi me hace llorar.