martes, diciembre 29

Lo que toca no se toca

En esta fechas tan entrañables no pega para nada un post 'prozac', ni uno 'nombres' ni mucho menos uno 'yo sobreviví a' ni nada de esas penas deprimentes, no. Lo que pega o como diría Theo, mi Theo, lo que toca es lo que toca. Jijí-jajá, o sea.

Lo malo es que soy un trijte y maj que trijte por lo que sacar la vis cómica me cuesta un jartá, y es que hasta en los saraos en los que la gente habitualmente se desmelena yo me cohíbo. El otro día, por ejemplo, estuve en la cena navideña de empresa. Sí, esas cenas en las que se come muy poco y muy mal pero en las que la gente suele pagar a gusto con tal de que les dejen emborracharse después de malcomer y terminar bailando dando saltitos, un pie adelante otro atrás y los brazos flexionados con las manos cerca del abdomen. Y así todo el rato. Incansablemente.

Yo nunca voy y suelo poner siempre algún achaque estúpido, como todos los achaques, con tal de no aguantar las deprimentes coreografías y las caras presuntamente satisfechas de mis compañeras-os, pero este año me han cogido en la hora tonta y he ido. A la mala hora, porque fue también Ismael, el giocondo, ese compañero que me pone como un burro con sólo dedicarme una caída de pestañas de esos ojos negros en esa cara morena encima de ese cuerpo diez, bueno, dejémoslo en ocho y medio que ya es p´a cagarse.

Ismael, después del baile de los saltitos, se cogió un pedo importante y no podía –debía- conducir. Yo, gilipollas que me parieron, intenté eludir llevarlo a su casa pero él me abordó directamente y no pude –quise- negarme. Así que lo llevé, lo metí en casa y lo tumbé en la cama, donde cayó casi inconsciente, le quité los zapatos, la camiseta y los pantalones. Y allí quedó, aquella maravilla en calzoncillos y calcetines, encima del edredón diciendo “cómeme, pero cómeme ya”.

Y entonces yo recordé que al día siguiente tendríamos que vestirnos de blanco nosocomial, que tendríamos que mirarnos a la cara, que probablemente yo no estaría entendiendo bien las señales y que “donde tengas la olla no metas la polla”.

Al día siguiente me dio las gracias por llevarlo a casa, y yo me sentí, una vez más, trijte y maj que trijte.


domingo, diciembre 27

Yes, a love tribute

Aprovecho que estáis algo perdidos en la navidad para este post, porque quiero dar un homenaje en la ‘intimidad’ de la blogosfera a mi banda favorita, con diferencia.

Me la presentó en el 75 Alberto, que tenía varios vinilos de ellos y que escuchábamos una y otra vez en su casa, en su habitación. A veces pienso que el amor que siento por este grupo vino proyectado por el que sentía por él y que me tenía totalmente trastornado por no ser correspondido. A él lo dejé de ver y lo dejé de amar pero no a ellos que, con sus altibajos, me han tenido enganchado hasta hoy, que son unos abueletes.

Casi 35 años después, una canción de amor para evocar aquel sentimiento inolvidable que me dejó este legado musical y unos recuerdos imborrables.


jueves, diciembre 24

Men at work



Esta noche es nochebuena
y mañana navidad,
coge el fonendo enfermero
que te toca trabajar.



Esta es la versión del conocido hit que cantarán para sus adentros muchos compañeros esta noche. A mí este año me cuadran muy bien las fiestas, entendiendo por 'muy bien' que mañana a las ocho en punto tendré que estar ya vestidito de blanco y que en noche vieja tendré el cuerpo roto tras dos noches nosocomiales y tendré que apoyarme en el Primperan para tolerar la cena y las uvas. Quién me mandaría a mí..., con lo a gusto que estaba de cajero en el economato.

lunes, diciembre 21

God´s visit

Se abre la veda en este engendroblog para la caza, mediante acoso y derribo, de aquellos que alcanzaron la gloria con el exclusivo mérito de haber estado en el momento y lugar oportunos. Las viejas del lugar, colectivo al que me quedan dos telediarios para pertenecer, suelen utilizar una expresión con mucho ángel: “lo ha venido Dios a visitar”.

La primera pieza capturada es Charlie Watts, presunto batería de los Rolling Stones. Se hizo famoso por aparecer siempre, rodeado de tambores y platillos, tras Mick Jagger. Su técnica nos recuerda al conejito de Duracell, sus ‘performances’ al conejito de Duracell y su energía en el escenario, al conejito de Duracell, esta vez ya sin las famosas pilas. Y para colmo se llama Watts, es decir, Vatios. Qué fuerte, o sea.

En este video, en el que podemos ver a un Mick Jagger de kindergarten con el síndrome de las piernas inquietas, se aconsejan los minutos 0.46 y 1.53 donde podemos apreciar la fuerza y virtuosismo que encumbraron a este buque insignia del ritmo .



domingo, diciembre 20

Yo sobreviví a Los Chiripitifláuticos

Aquellos niños jugaban diariamente en la calle sin tráfico mientras sus despreocupadas madres escuchaban la novela en la radio. Muchas veces llegaban heridos a casa y ellas, primeramente, les daban unos azotes en el culo, bueno, y en la cabeza o donde pillara, y cuando terminaba la novela les echaban mercromina y otra vez a la calle. Yo fui un niño lumpen , de esos de 'mercromina y a la calle', de muchos churretes y pantalones cortos hasta con pelusilla en el bigote, luciendo todo el verano las rodillas llenas de postillas como Jesucristo. Una vida exterior dura y una interior más dura aún por mi ‘ostracismo’ sexual.

Sin embargo, todas las tardes cuando daban las seis nos íbamos a casa a ver la tele, como respondiendo a una llamada, una cosa así como en La fuga de Logan cuando iban a reciclarse. El programa en cuestión empezaba con una cancioncilla y, cuando terminaba, allí salía un grupo de personas adultas que se comportaban como niños deficientes, contando y cantando historias tan cursis como todos ellos pero que nos hipnotizaban totalmente. A nosotros, al lumpen.

Una señora marimandona, un capitán de safari pedante, un bobalicón con boina que cometía faltas de ortografía verbales, y un señor muy mayor vestido de tirolés componían el conjunto inicial al que progresivamente se unirían otros personajes igualmente surrealistas. Uno era un payaso que se llamaba Poquito y que a mí me ponía bastante, lo que pasa es que por entonces yo sólo sabía que me daba cosquillas por la churrilla cuando lo veía, sin más.

Cuando terminaba el programa acababa la hipnosis y de nuevo a la calle, a jugar sin juguetes, que ni falta hacían.


viernes, diciembre 18

Fran, el recluido

Aquellos años de Chueca.com, ¿recuerdas?. Tus stripteases, lo delgadillo que estabas y aquel rabo que sacabas que nunca dejaba de sorprenderme. Siempre tan complaciente que incluso consentías en mostrarte totalmente cuando sabías de antemano que mi cara sería siempre un enigma para ti, incluso seguiste haciéndolo cuando supimos que éramos compañeros. Y enseguida, los interrogatorios. Que si qué categoría profesional, que si qué turno, que si qué vestuario, que si qué pasillo,…Yo, que no creo ni en el destino ni en la predestinación, no he podido evitar algún que otro repeluco cada vez que te miraba, a partir de entonces, en los pocos momentos que coincidíamos en aquel pasillo entre las taquillas, yo reconociéndote y tú, sospechándome.

Yo me creía el más atormentado hasta que supe que viviste en clausura, en aquel monasterio. Historias como la tuya, Fran, son las que me hacen comprender que las musas literarias viven entre nosotros y no en las mentes alucinadas de los autores. Leerte en tiempo real fue todo un privilegio, de aquel pecado de amor ‘intramuros’, de las paranoias de conciencia, de la pérdida de la autoestima, del traslado de monasterio por el incidente, del abandono de la Orden,…

Ahora nos cruzamos mucho, nos encontramos, y no sé por qué está pasando esto, porque ya te he dicho que no creo en el destino, será por eso que no quiero prestar demasiada atención a tus miradas que no entiendo por qué ahora tienen que ser cada vez más largas y más intensas, más dulces.


martes, diciembre 15

Dust in the strings

Cierro los ojos un momento y todos mis sueños pasan por delante con curiosidad. Siempre la misma canción, tan sólo una gota de agua en el mar sinfín y todo cuanto hacemos se derrumba aunque no queramos verlo. Nada dura para siempre, sólo la tierra y el cielo. Y es que todo lo que somos es polvo en el viento.

Parece ser que se venden mejor la corcheas si envuelven armoniosas algún poema triste. Kansas lo hizo así alcanzando la gloria, y 30 años más tarde Mago de Oz a partir de unos malabares no muy afortunados con la letra pero con un evocador toque vikingo en la música, la rescató aunque sin aportar poco más que el sonido celta en una introducción quizá demasiado larga.

Ésta es una vieja canción que nació ‘sin corriente’ cuando aún no estaba de moda esto de cantar arropado sólo con cuerdas. Una canción triste para una noche de invierno, fría como ésta.



domingo, diciembre 6

Comenzamos

Cuando he sacado al perro y no he visto a nadie en el parque donde a estas horas suele haber siempre varios congéneres con sus respectivos dueños, alguno de ellos bastante apetecible por cierto, me he extrañado momentáneamente. Domingo por la tarde y nadie, o sea, fútbol en la tele.

Yo, verá usted, es que de fútbol no entiendo ‘na’ de ‘na’, bueno de muchas otras cosas, tampoco, pero a lo que iba, es que el fútbol me da como… ¿cómo diría yo?..., ¿asco?, sí, eso es, mucho asco. Aquí en el suroeste decimos ‘qué fatiga me da’, donde ‘fatiga’ tiene una relación de sinonimia con ‘nausea’ y no con ‘cansancio’.Tengo que aclarar que no me estoy refiriendo a veintidós hombres vestidos por igual, mitad de una firma y mitad de otra, esforzándose (bueno, no siempre) por reubicar reiteradamente una pelota, que salta y que bota, a base de puntapiés. No, mi ‘fatiga’ viene del marketing, del merchandising, del business y del show-business que lo rodea.

Y tras este rodeo, a todas luces innecesario, lo que quería verdaderamente es re-reivindicar mi posición impenitente en el sector crítico social, el del (-3) sigma, que intentaré que siga siendo la seña de identidad de este blog, víctima inocente de la errática mente de su autor.

Y aviso para navegantes, este personaje que se autoinculpa de ser el autor material de las entradas suele tener días eufóricos pero también días prozaicos, días serenos pero también días tormentosos, días libidinosos pero también días ascéticos,… Como todo el mundo, vamos, con la diferencia de que el menda éste pretende hacerlo blog. Otra cosa es que venga alguien a leerlo, que eso es otro cantar.

Muerte en el pasillo

En la ficha de ingreso rezaba un nombre, Francisco, pero una llamada telefónica previa me aclaraba que había llamarla Paqui y darle una habitación individual. No podía compartir dormitorio con un hombre porque él no era un hombre, ni con una mujer porque ella no era una mujer.

- ¡Enfermero, guapo!-, gritaba por el pasillo cuando me veía, haciéndome pasar la vergüenza más grande.

El sida fue el precio que pagó por su intento de reconvertir su cuerpo, que daba realmente pena ver, tan sólo un manojo de huesos débilmente articulados configurando un esperpéntico 'protodifunto' que nadie sabía cómo ni por qué continuaba vivo y sonriente. Incluso cuando la 'castigábamos' con nuestras técnicas más dolorosas, reía y hacía bromas, lo que todavía me angustiaba más. Aún recuerdo aquel día que sabía que le íbamos a pinchar en el sacro para biopsiarle la médula y nos recibió con un tanga estampado de leopardo.
Los últimos días que estuve en la planta de Infecciosos a Paqui se le colapsó un pulmón y hubo que introducirle un tubo de plástico en el costado conectado a un frasco. Con él paseaba por el pasillo como si fuera un bolso, a sabiendas de que aquello podía ocasionarle un disgusto y cuando la recuerdo, siempre me viene a la cabeza aquella Paqui adosada al tubo con el recipiente colgando dando vueltas y vueltas por el pasillo con su tristeza infinita pero siempre con ganas de guasa.
Una noche la encontraron muerta en el pasillo con la sola compañía del tubo de plástico pegado al frasco y que se había arrancado del costado. En su cuerpo pálido resaltaban en la penumbra los colores vivos del tanga estampado de leopardo.


(A Theo, por su sugerencia y a Cati por el palabro 'protodifunto')

miércoles, diciembre 2

Maniobras de reanimación

He metido usuario y contraseña y durante los segundos de espera de la apertura ha sonado un tic-tac en un fondo de cuenta atrás que un profundo sueño me ha impedido escuchar entera. Diez…, nueve..., ocho...

- Veamos, lleva varias semanas de inactividad en la blogaysfera, señor… no sé ya como llamarle.
- Runagay. Pero ¿quién es usted?
- Soy responsable de Vigilancia de Actividad de Blogger.
- Está bromeando, claro.
- En absoluto, y de esta entrevista dependerá su continuidad. Durante su stand-by hemos revisado lo que usted denomina muy acertadamente ‘engendroblog’.
- No me parece demasiado serio esto.
- Pues no es precisamente usted un modelo de seriedad, con cuatro cambios de nombre y de rumbo editorial en tan sólo nueve meses. Y no olvidemos los otros tres blogs que tiene abiertos y titulados, a ver…
- Vale, no siga, puede que lleve razón.
- Vayamos al grano entonces. ¿Por qué dejó de publicar?
- Últimamente escribía mirando a otros más que a mí mismo.
- ¿Y qué ha de malo en eso? Muchos lo hacen.
- Sí, pero no es lo que yo quiero.
- ¿Y ya sabe lo que quiere?
- No, tan sólo sé lo que no quiero.
- No parece aclararse…
- Es verdad, no lo tengo claro.
- Pues si no comienza la actividad en una semana, señor Runagay, se cerrará su blog con el cartel de revisión debido a una posible infracción de las Condiciones del Servicio de Blogger. Usted verá. Y ahora, cuando escuche “tres”, se despertará frente a la pantalla de ‘Creación de Entradas’. Uno,…, dos,…., tres.